Gruppo di lavoro aperto che studia le eredità storiche degli ideali illuministi, repubblicani, socialisti e anarchici nelle prospettive del rapporto arte società, arte didattica, arte filosofia, arte e territori

Colectivo multidisciplinar que estudia la herencia histórica de los ideales ilustrados, republicanos, socialistas y anarquistas y sus perspectivas en la relación entre arte y sociedad desglosadas en tres áreas de interés: arte-didáctica, arte-filosofía y arte-territorio.

La aritmética del activista

Ocho aportaciones de los movimientos sociales para una antropología de la crisis

Beltrán Roca

En la década de 1920, José Sánchez Rosas, publicó su libro La aritmética del obrero. La obra era parte de una serie de folletos de su editorial Biblioteca del Obrero, junto a El abogado del obrero o La gramática del obrero. Con estos textos, que fueron ampliamente difundidos, el maestro y propagandista anarquista andaluz pretendía extender entre los trabajadores conocimientos e ideas que les permitieran comprender la sociedad capitalista de su época y dotarles de herramientas para conquistar y defender sus derechos. Seguidor de la Escuela Moderna de Francisco Ferrer Guardia y su enfoque pedagógico, Sánchez Rosas escribió La aritmética del obrero con el objeto de que los obreros no fueran engañados por los patrones y, entre otras cosas, tuvieran nociones de aritmética para poder formular y negociar demandas salariales. Influido por las ideas racionalistas y positivistas de la época, y dotado de un fuerte instinto de clase, estaba convencido de que el conocimiento, en manos del proletariado, tendría un efecto emancipador y revolucionario. Por ello dedicó su vida a la enseñanza y a la difusión del anarquismo.

Aunque han pasado casi cien años de la primera publicación del libro de Sánchez Rosas, y aunque nuestra sociedad está hecha de otra pasta, el espíritu del educador anarquista sigue estando vigente. Hoy, como ayer, son necesarios documentos que sinteticen los conocimientos e ideas generados por investigadores, artistas y activistas para que, en un formato asequible, puedan ser difundidos y utilizados en la vida cotidiana, en la resistencia, en la lucha social. La pedagogía sigue siendo un elemento fundamental en todo proceso de transformación social, aunque los medios para hacerlo hayan cambiado notablemente desde principios del siglo pasado.

Este ensayo pretende reflexionar sobre las aportaciones de los nuevos movimientos sociales a nuestra comprensión antropológica de la crisis. Nuestro punto de partida es que al igual que los intelectuales o los artistas, los activistas son una fuente preciosa de conocimiento. La praxis de la contienda política es generadora de saberes sin los cuales cualquier teorización sobre la sociedad caen en meras abstracciones irrelevantes, y favorece también el desarrollo de habilidades que hacen posible el cambio social. Los movimientos sociales, además, son generalmente un rico yacimiento de ideas, soluciones e innovaciones ante la ineficacia de las instituciones políticas y económicas. La praxis de la resistencia, por tanto, es a la ciencia social lo que la experimentación a las ciencias físico-naturales. La sociedad y la vida cotidiana se convierten en un laboratorio, en el que a través del ensayo y error, adquirimos una determinada visión del mundo y exploramos los modos en los que podemos contribuir a transformarlo. Recopilar, analizar y divulgar estos saberes, igual que hizo en su tiempo Sánchez Rosas con la gramática o la aritmética, es una tarea fundamental para aquellos que apostamos por una profunda transformación social.

La llegada del siglo XXI y el nuevo ciclo de protestas iniciado por el zapatismo y el movimiento por la justicia global —y continuado, entre otros, por el 15M español y el movimiento Occupy— han favorecido profundos debates sociales y políticos, que en la disciplina antropológica han tenido efectos sobre los planteamientos epistemológicos. En concreto se ha propiciado un debate antropológico que revaloriza el papel de los actores sociales y sus conocimientos. Bajo el concepto de ‘antropologías del mundo’, Eduardo Restrepo y Arturo Escobar, proponen realizar un ejercicio de discusión sobre las jerarquías de conocimientos antropológicos1. El objetivo es construir una ciencia heteroglósica y trasnacional, en la que la producción de conocimiento sea realizada a través del diálogo horizontal entre comunidades científicas nacionales, corrientes teóricas, tradiciones religiosas y espirituales y movimientos sociales2. Lo que James C. Scott denomina mētis o conocimiento práctico, producido por los actores sociales en sus experiencias cotidianas, también debe formar parte de este diálogo3. De este modo, la antropología cultural está experimentando una serie de transformaciones y protagonizando una serie de debates epistemológicos que pueden ayudar a recuperar los saberes subalternos y las experiencias de los activistas. Y estos debates y transformaciones han sido propiciados, entre otros factores, por la actuación de una nueva generación de movimientos sociales4. En otras palabras, los movimientos sociales son imprescindibles para la comprensión antropológica del mundo, incluida la crisis actual.

Este ensayo es una reflexión sobre lo que considero las ocho principales aportaciones de los movimientos sociales a una antropología de la crisis: reconocer los problemas; exculpar al pobre; señalar a los culpables; desnudar al poder; rehacer el equipaje de las ideologías; meter el dedo en la llaga; hibridizar las tácticas; y, por último, repensar el cambio social. A continuación desarrollo cada una de ellas.

1. Reconocer los problemas

Desde el inicio de la crisis en 2008 en España, los movimientos sociales han sido los que han hecho visibles los problemas más acuciantes de la población. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca, puso el énfasis en el drama de los desahucios y las ejecuciones hipotecarias, que afectan a cientos de miles de personas. Las Mareas Verde, Blanca y Naranja, por ejemplo, expusieron los problemas derivados de la privatización y los recortes en los ámbito de la educación, sanidad y servicios sociales respectivamente. Los sindicatos pusieron el acento en el desempleo, la precariedad y la desregulación de las relaciones laborales. Las ONG de atención a la pobreza, a través de sus estudios y testimonios, alertaron sobre el aumento radical de la población en riesgo de exclusión social y en situación de pobreza. Más tarde, la Marea Granate puso sobre la mesa la indefensión y falta de derechos de la nueva generación de emigrantes que se ven obligados a salir del país en busca de un futuro. El 15M actuó como paraguas de todas estas luchas, incluyendo, además, el problema del déficit democrático del sistema político español y el carácter oligárquico de los partidos mayoritarios. De este modo, los movimientos sociales han sabido transmitir a buena parte de la sociedad las consecuencias de las políticas de austeridad, desmontando el discurso del Poder en torno a la "Marca España", que trataba de dar una imagen estable y próspera del país, pretendidamente para restablecer la "confianza". El discurso de la confianza tenía una doble vertiente: por un lado, se refería a "los Mercados", para mantener la prima de riesgo y otros "indicadores" dentro de límites aceptables; por otro lado, la "confianza" se refiere a la propia población, a la legitimidad del Poder ante la ciudadanía. Ambas dimensiones aparecen en el discurso estatal como realidades interconectadas, actuando de coartada para las políticas regresivas, como bien se ha apuntado desde círculos activistas y académicos.

2. Exculpar al pobre

Al comienzo de la crisis, el Poder lanzó una campaña mediática con el objeto de restituir la confianza. La campaña se llamó "Esto lo arreglamos entre todos". A través de spots audiovisuales se interpeló a la ciudadanía a aceptar "pequeños sacrificios" para superar la situación de crisis. El discurso dominante era que todos éramos culpables de la irrupción de la crisis y, por tanto, todos éramos responsables de sacrificarnos para la recuperación económica. Esta idea se complementaba con la afirmación "Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades", en la que se culpabilizaba a los pobres de la situación de crisis. Querer participar plenamente en los estándares de consumo impuestos socialmente a través de la publicidad y las normas y valores sociales (adquiriendo una hipoteca para poder tener una vivienda o comprando un automóvil de calidad) era representado como un exceso irresponsable, por el que ahora teníamos que pagar. Este discurso culpabilizante era una nueva versión del cuento de la cigarra y la hormiga. La hormiga emprendedora trabajaba y ahorraba duramente, y ahora a causa de la irresponsabilidad de la cigarra, que se pasaba el día cantando, bailando y disfrutando, todos tenían que aceptar recortes y sacrificios para salvar la economía del país.

Una versión de este discurso es el que ha circulado a escala europea. El acrónimo PIGS tiene una doble connotación: por un lado, se refiere a los países del Sur de la UE, Portugal, Italia, Grecia y España; por otro lado, el modo en que están ordenados significa "cerdos" en inglés. Tiene, por tanto, una connotación peyorativa. Las personas del sur de Europa son considerados "cerdos", ciudadanos de "segunda categoría", precisamente porque su comportamiento se asemeja, según este discurso, al de la cigarra del cuento infantil. Así, las poblaciones del Sur y sus instituciones son representadas como ineficaces, ineficientes, irresponsables, corruptas y poco trabajadoras. Extrapolando el discurso moral que justifica la diferencias de clase, a las relaciones neocoloniales dentro de la UE, representan a los países del Centro y Norte de la UE como países de gentes trabajadoras cuyo esfuerzo está sufragando los desmanes y el endeudamiento de los habitantes del Sur.

Tanto a nivel intrasocietal como a nivel internacional, los movimientos sociales han contestado rotundamente este discurso que culpabiliza a los pobres, identificando los auténticos procesos sociales que han originado la situación de crisis.

3. Señalar a los culpables

Los movimientos sociales anti-austeridad no sólo han exculpado a las clases populares y a los países del Sur de la crisis económica, sino que han identificado los procesos y agentes que nos han llevado a esta situación. En primer lugar, se ha señalado la actuación irresponsable de las entidades financieras, que han invertido el dinero de todos en operaciones de alto riesgo hasta el punto de entrar en una situación de quiebra. Así, dejó el fluir el crédito y empresas capitalistas y administraciones públicas no pudieron hacer frente a sus operaciones. Los estados han tenido que endeudarse con instituciones supranacionales y otros estados para rescatar al sector bancario y evitar, según su visión, el colapso de la economía. La bancarrota de un sólo banco, argumentaban, podía tener un efecto dominó que desestabilizase por completo el sistema económico. Se han privatizado los beneficios y se han socializado las pérdidas. Para poder hacer frente a la devolución de la deuda los gobiernos han tenido que desarticular el Estado del Bienestar, introduciendo recortes en sanidad, educación, servicios sociales, etc. Además, las instituciones que han realizado los "préstamos" han exigido como contrapartida paquetes de medidas que desregulaban el mercado de trabajo y privatizaban importantes sectores de la economía. Estas medidas, similares a las de "ajuste estructural", ya se demostraron un auténtico fracaso, como se argumentó desde el movimiento de las ONG, que ya se habían demostrado inútiles en la década perdida en los países del Sur global.

Así, desde el ámbito del activismo se comprobó que la crisis era una "estafa", un "engaño", para implantar un modelo de sociedad neoliberal, menos democrática y con unas nuevas reglas del juego que beneficiaban la concentración de poder y riqueza en menos manos. El aumento de la desigualdad ha sido constante desde 2008. Nos encontramos, por tanto, ante la imposición de todo un modelo social o, como diría Foucault, una racionalidad de gobierno, que llega a todas las esferas de la vida social.

4. Desnudar al Poder

En esta reflexión sobre las causas, consecuencias y culpables de la crisis, los movimientos sociales han sido capaces de reconocer la nueva arquitectura del Poder, así como los mecanismos a través de los cuales opera. Se ha hablado del enorme peso de la Troika (Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional y Comisión Europea), instituciones profundamente antidemocráticas que escapan a cualquier mecanismo formal de control popular, y que socaban la soberanía de los estados. Se ha hablado de los enormes beneficios de los grandes bancos y empresas transnacionales, y sus estrechas vinculaciones con el poder político.

Como se ha demostrado con las negociaciones del nuevo gobierno griego de Syriza, las instituciones de Poder no tienen el más mínimo interés de que la deuda sea devuelta, sino de que se perpetúe. La deuda es, por tanto, un instrumento de control sobre las poblaciones y sobre los países de la periferia mediterránea5. Si se pretendiese verdaderamente la devolución de la deuda, se relajarían los plazos para permitir la reactivación económica de los países empobrecidos. Por el contrario, se exigen medidas regresivas que sólo empeoran la situación y, por consiguiente, refuerzan la relación de dependencia de la periferia europea respecto al centro. Estas dinámicas ya fueron denunciadas por la Teoría de la Dependencia hace muchos años en el contexto del "Tercer Mundo". No suponen nada nuevo, y desvelan los verdaderos intereses de las instituciones de Poder.

5. Rehacer el equipaje de las ideologías

La intervención de los movimientos sociales, obviamente, no se ha limitado de comprender el contexto político y socio-económico, sino que han actuado en base a las lecturas que han realizado de cada momento. Los activistas, no obstante, han percibido la realidad y diseñado las acciones colectivas en base a sus bagajes ideológicos, que contenían las claves con las que se interpreta la realidad. Sin embargo, las diferentes tradiciones revolucionarias que han coincidido en las luchas populares contra la austeridad, se han demostrado insuficientes y han exigido ser revisadas con cierta urgencia, abandonando o modificando determinados postulados.

Así, el marxismo ha debido replantearse si el proletariado es el único sujeto revolucionario, si el Partido debe ser la vanguardia de la lucha, si la conquista del Estado es la prioridad. El anarquismo ha debido pensar si es posible reclamar autogestión en un contexto de repliegue voluntario del Estado, o si es incompatible la participación institucional con la prefiguración de estructuras radicalmente democráticas a nivel municipal o societal. Pero la tradición revolucionaria que más influencia ha tenido en el nuevo ciclo de protesta es el autonomismo que, como se verá más abajo, también ha experimentado un proceso de adaptación e hibridación en el nuevo contexto.

6. Meter el dedo en la llaga

Ante la evidente y rotunda desigualdad de fuerzas entre las instituciones de Poder y los movimientos sociales, éstos se han visto obligados a actuar un audacia y astucia para golpear en los puntos débiles del adversario. En época de prosperidad económica, los movimientos sociales más radicales se inclinaron hacia lo que Murray Bookchin denominó "anarquismo personal o de estilo de vida", generando contraculturas minoritarias, resistiendo en micro-espacios propios en los que construían sus propias sociabilidades y normas sociales. Separándose de reivindicaciones materialistas y apostando por demandas de tipo cultural, identitario, post-materialista. La irrupción de la crisis ha sido una oportunidad para que los movimientos sociales cambiaran de orientación, incluyendo las urgentes demandas de las necesidades económicas y materiales de la población, aumentando exponencialmente la proyección social de las organizaciones populares.

Así, se han incorporado numerosas personas a la lucha por la justicia, y a través del ensayo y error, además de la imitación de tácticas de otros movimientos de otros lugares, los activistas han desarrollado tácticas y estrategias que han desafiado al Poder y han tenido repercusiones sobre las agendas de las élites. Así, por ejemplo, en España se han innovado con la práctica de escraches, trasladando el ámbito privado de los responsables políticos la protesta por sus políticas antisociales. Se ha desarrollado y extendido la desobediencia civil, paralizando las ejecuciones hipotecarias. En Grecia, la autogestión se ha extendido al ámbito sanitario (tras el repliego del estado en relación a los hospitales) o el ámbito de la producción (tras el cierre de numerosas empresas o los intentos de privatización de empresas públicas). El movimiento okupa, altamente estigmatizado y aislado en décadas anteriores, se ha extendido: no sólo por la proliferación de centros sociales, sino por la extensión de bloques de viviendas ocupados por vecinos para residir, ante la imposibilidad para tener un techo propio.

Por supuesto, las élites han reaccionado. No sólo con ataques mediáticos para deslegitimar a los activistas, sino también endureciendo las leyes represivas (como la "Ley Mordaza" en España, que apunta específicamente a las nuevas formas de protesta) y lanzando montajes policiales contra el movimiento anarquista (como las operaciones "Pandora" y "Piñata" en España, dirigidas a un terrorismo completamente inexistente, pero que aumentan la desconfianza entre la población hacia las corrientes libertarias).

7. Hibridizar las tácticas

La necesidad de dar en la llaga, de desplegar tácticas y estrategias eficaces para golpear al Poder, ha llevado a algunos movimientos a experimentar sugerentes hibridaciones6. Esto ha sido posible sólo desde una actitud abierta, que ha permitido replantearse seriamente las certezas de las herencias ideológicas y las tradiciones organizativas. Así, por ejemplo, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca lanzó una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para frenar las ejecuciones hipotecarias y garantizar la dación en pago (es decir, que cuando una persona entregue su casa al banco por no poder pagar la hipoteca, la entrega de la casa implique el fin de la deuda. Actualmente en España las personas que entregan sus viviendas siguen soportando deudas insoportables con los bancos, haciendo imposible su recuperación económica). Es decir, la PAH continuó extendiendo la acción directa para paralizar los desahucios, pero entendió que sin cambios legislativos, no sería posible defender eficazmente esos derechos. La ILP no salió en el congreso, pero logró enorme legitimidad por ser apoyada por cientos de miles de firmas y puso el problema en el centro del debate político.

Igualmente, otras experiencias apuntan a esta hibridación. El ascenso de Syriza en Grecia, la irrupción de Podemos o las plataformas municipalistas (como Ganemos) en España, por parte de activistas que antes militaban exclusivamente en movimientos autónomos es otra señal. Los militantes pretenden combinar la acción directa con lo que algunos denominan el "asalto de las instituciones", es decir, ocupar el poder de las instituciones tratando de cambiar sus lógicas de funcionamiento. Algunos voces de los movimientos sociales advierten que esto no es posible, las instituciones imponen sus propias lógicas, aplastando cualquier intento de democracia radical. Otros señalan que sin el apoyo de las instituciones el alcance de los movimientos es más limitado. Éstos aceptan el desafío de la contradicción y pretenden deslizarse por la cuerda del trapecista, que pende entre lo deseable y lo posible.

8. Repensar el cambio social

Por último, el nuevo ciclo de movilizaciones ayudan a comprender mejor cómo funciona el cambio social. Las viejas tradiciones revolucionarias pensaban el cambio social bien como la conquista del poder del Estado, bien como un momento de catarsis colectiva en el que se ponía fin a un conjunto de instituciones que se percibían como opresivas. Hoy, por el contrario, se sabe que el poder funciona como una red en la que el Estado es sólo uno de los nodos7. El cambio social no se limita a una institución, sino que implica producir deslizamientos en un conjunto de nodos. Conquistar el Estado o el gobierno en un municipio, puede ser importante pero nunca es suficiente. Es necesario jugar la partida desde varios ángulos: la comunicación social, los espacios de sociabilidad, la cultura, los territorios locales... Aquí la noción gramsciana de hegemonía cobra una vigencia indiscutible.

Así, la actuación de los nuevos activistas hace discernible las contradicciones latentes en las instituciones y movimientos sociales. La danza de ataques y contra-ataques, acciones y reacciones, golpeando sobre los flancos y puntos débiles del adversario, permite conocer aspectos fundamentales del funcionamiento de instituciones y grupos. El combate facilita una reacción fructífera entre teoría y praxis. Así, la aritmética del activista eleva el conocimiento antropológico sobre la crisis, que no es otra cosa que el conocimiento del capitalismo contemporáneo.

Notes

1 Restrepo, Eduardo y Escobar, Arturo ‘Other Anthropologies and Anthropology Otherwise’: Steps to a World Anthropologies Framework. Critique of Anthropology 25(2), 2005: 99-129.
2 Ribeiro, Gustavo L. y Escobar, Arturo, "Prefacio. Antropologías del mundo: transformaciones disciplinarias dentro de sistemas de poder". In: Ribeiro GL and Escobar A (eds) Antropologías del mundo. Transformaciones disciplinarias dentro de sistemas de poder. Popayán, Envión editores / CIESAS/ Wenner Gren, 2008; Narotzky, Susana, "Las antropologías hegemónicas y las antropologías del sur: el caso de España". Revista Andaluza de Antropología nº 1, 2011.
3 Scott, James C., Seeing like a State. How certain schemes to improve human condition have failed. New Haven, Yale Univ. Press, 1998.
4 Nash, June, "Cambios paradigmáticos y la dialéctica de los movimientos sociales". Cuadernos de Antropología Social nº 28, 2008: 7–32.
5 Zizek, Slavoj, "A Note on Syriza: Indebted Yes, but Not Guilty!", Potemkim Review, 2015. Disponible en http://potemkinreview.com/note-syriza/
6 Martínez López, Miguel A., "Between Autonomy and Hybridisation: Urban Struggles within the 15M Movement in Spain" ,comunicación presentada en el Workshop Understanding Urban Uprisings, Protests and Movements: European Cities and the Crisis of Neoliberalism (8-9 de octubre de 2014, University of Gothenburg).
7 Holloway, John, Cambiar el mundo sin tomar el poder. Madrid, El Viejo Topo, 2002.

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